EL ASOMBROSO MUNDO DEL ADOLESCENTE

La adolescencia, esta etapa a la que todo padre teme. Entre los 12 y los 21 años aproximadamente se producen cambios tanto psíquicos como físicos que hace tambalear la relación entre padres e hijos. Pero ¿qué tal si enfocamos estos años desde otra perspectiva?

Según Daniel Siegel, psiquiatra y uno de los mayores conocedores de la mente adolescente, la clave está en que todos estos cambios son debido a un cambio cerebral. Durante estos años se produce la mayor explosión de inteligencia y creatividad. Si llegamos a conocer cómo funciona el cerebro de nuestros hijos no sólo podemos llegar a conectar con ellos sino que adquiriremos de nuevo los aspectos beneficiosos de esta etapa, algo que sin duda nos hará más felices como adultos.

El adolescente turbulento existe pero no es el predominante, Nuria Velasco, orientadora educativa en IES, es firme “la mayoría de los chicos tienen una transición positiva y saludable” pero hay que tener en cuenta que “la incorporación al estatus adulto se retrasa cada vez más, de modo que nos encontramos con personas que físicamente y psicológicamente son adultas pero que socialmente no”.

Herramientas

Los padres debemos tener varias cosas claras en esta etapa: los adolescentes necesitan normas y límites. “Estos deben regir la vida en casa y en el centro educativo, el joven debe comprender que cuando se conviven existen normas que cumplir”. Es muy importante que “estas normas sean negociadas y consensuadas entre todos los miembros”. El camino será mucho más fácil si ellos se sienten escuchados y ven que sus ideas y pensamientos se tienen en cuenta, aunque, claro está, “cuando sean erróneas se les debe hacer conocedores”.

 

La comunicación, que sustenta toda relación con los padres, es crucial, para aconsejarles y guiarles hacía lo correcto. Pasar tiempos juntos, saber de sus intereses, de sus ideas de futuro, saber de sus amistades y sus círculos sociales, sus miedos, angustias pero también lo que les hace felices, son claves para que ellos sepan que pueden confiar en sus padres en cualquier momento, para cualquier dificultad.

Disciplina positiva

En la mayoría de las ocasiones los castigos en los adolescentes no tienen el efecto deseado. “el objetivo de un castigo debería ser eliminar una conducta inadecuada pero en estos casos esta medida disciplinaria la afianza”. Por eso Nuria Velasco, aconseja la negociación. De este modo “haces partícipe al chico del objetivo que se quiere alcanzar y se acuerda entre las dos partes las consecuencias que traería su incumplimiento”. EL joven hace de este modo suya la norma, por lo tanto, “su cumplimiento tiene más posibilidades de obtenerse, que si es mediante una imposición autoritaria externa. “

 

No obstante hay que recordar que no existen varitas mágicas, “la experiencia nos hace más sabios pero lo que es efectivo con uno no tiene por qué ser en otro. Recordar los principios básicos: inculcar valores, disciplina, comunicación y lo más importante la autoestima que el viaje en esta fase de la vida se lo menos turbulenta y lo más creativa posible”.

 

Por | 2019-01-24T12:40:07+00:00 abril 16th, 2018|EDUCACIÓN|Sin comentarios

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